
I started to pull the cotton nervously, looking desperately for a door or other way out, still clinging to the ladder, while I heard the child speak and asked me to play with him, and he described the rules of games who had played right there with her brother and my sister in the past and recalling happy times.
In the background I heard the plaintive sound of the door of the theater opening, and closing one heavy blow, and then I heard while I imagined, the drag of this "being" which at that time was a gigantic white snake two feet in diameter and at least ten meters long. That made me hysterical and I felt like a caged animal. The child, sensing my discomfort, said there was no way out but I did not hear, because in the small receptacle on the stairs had just discovered some holes in the wall behind the cotton, but soon discovered that the child was telling the truth, the holes were small and were blinded, as if it were small cupboard wardrobes. In desperation, I completely got to the ledge of the small circular space and stretched, trying to cover myself with big strips of cotton, which were mixed with objects of all kinds between their fibers, and was surprised to discover that cotton did not cover my legs But interspersed with the fibers had a striking jacket I wore when I was young, so that drew more attention to camouflage. I did this automatically, without thinking or paying attention to what I did because I was listening to the giant white snake crawling into the room and was terrified. At a glance through the hole, I saw how the snake swallowed the whole child to two meters below me! However, the child had not moved, nor was scared, nor had issued any groan, as if he did not care, like a participant in a plan.
I kept trying to camouflage myself, so secretive and unconscious, while I saw the huge albino being who had entered a kind of lethargy.
Empecé a arrancar el algodón nerviosamente, en busca desesperada de una puerta u otra salida rocambolesca, aún agarrado a la escalera de mano, mientras oía como el niño me hablaba y para animarme a jugar con él me describía las reglas de juegos a los que jugaba allí mismo con su hermano y mi hermana en otras ocasiones recordando así momentos felices.
De fondo pude escuchar el quejumbroso sonido de la puerta de la sala de cine al abrirse y el golpe seco al cerrarse sola y después oí a la vez que imaginé, el arrastrar de ese “ser” que en ese momento era una gigantesca serpiente blanca de más de medio metro de diámetro y de al menos diez metros de largo. Aquello me puso frenético y me sentía como un animal enjaulado. El niño, percibiendo mi desazón, me dijo que por allí no había salida pero yo no le escuché, pues en el reducido receptáculo sobre la escalera acababa de descubrir unos huecos en la pared tras el algodón, aunque pronto descubrí que decía la verdad, los huecos eran muy pequeños y estaban cegados, como si se tratase de pequeños armaritos empotrados.
Desesperado, me subí por completo a la repisa del pequeño espacio circular y me tumbé, intentando cubrirme con grandes tiras de algodón, las cuales estaban mezcladas con objetos de todo tipo entre sus fibras, y me sorprendí al descubrir que mis piernas no las tapaba el algodón sino que entremezclada con sus fibras había una llamativa chaqueta que usé en mi juventud, de forma que mas que camuflar llamaba la atención. Hacía esto de forma automática, sin pensar ni prestarle atención a lo que hacía, pues estaba oyendo a la gigantesca serpiente blanca arrastrarse dentro de la estancia y estaba aterrado. ¡En un vistazo a través del agujero había visto como engullía al niño entero a dos metros por debajo de mí! Sin embargo el niño ni se había movido, ni se había asustado, ni había emitido gemido alguno, como si no le importara, como si fuera partícipe de un plan general.